
Rev. Imagenol. 2da Ep. Ene./Jul. 2023 Vol. XXVI (2):
76 73 - 77
DISCUSIÓN
Los tumores cardíacos son muy poco frecuentes. Reportes
de series de autopsias muestran una muy baja prevalencia,
siendo los tumores secundarios los mas frecuentemente
encontrados, con una relación secundario/primario de
20:1. Los tumores cardíacos primarios benignos consti-
tuyen el 90% de los tumores, siendo el mixoma el mas
frecuente. El 10% restante son malignos, la mayoría sar-
comas, siendo el angiosarcoma el más frecuente.(1,3,9,12)
El 80% de los angiosarcomas asientan en la aurícula
derecha, con un pobre pronóstico al diagnóstico dada la
presencia de metástasis en más del 50% de los pacientes,
debido a un diagnóstico tardío dado la inespecificidad de
sus síntomas.(10,12)
El caso presentado, se trataba de un paciente joven, con
una edad de presentación menor a la reportada en la
literatura, con un tumor a nivel de la aurícula derecha
que se presentó con dolor torácico y derrame pericárdico.
Las técnicas de imagen son una herramienta esencial para
el diagnóstico y para evaluar la extensión a distancia. El
diagnóstico definitivo se establece con la citología y la
inmunohistoquímica con positividad para marcadores
endoteliales CD31 y CD34.(3,9,10)
El ecocardiograma el primer estudio a realizar ante la
sospecha clínica, con una sensibilidad para la detección
de masas cardiacas de 93% en la técnica transtorácica y
97% en la transesofágica(6,9,12).El ecocardiograma permi-
te detectar y caracterizar la mayor partes de las masas
cardicas , y su repercusión funcional. El eco transtorácico
presenta algunas limitaciones como son: la limitada re-
productibilidad, dificultad de evaluación extra cardiaca y
la dependencia de disponibilidad de ventanas acústicas
adecuadas. El eco transesofágico permite una mejor
valoración de las masas posteriores y valora mejor la
infiltración miocárdica. Los hallazgos ecográficos son la
presencia de una masa heterogénea que protruye en la
luz de las cavidades cardíacas. En el caso presentado, se
le realizó un ecocardiograma transtorácico, que mostró un
derrame pericardio, sin lograr visualizar la masa cardíaca.
Hay algunos estudios que mencionan esta dificultad en
detectar las masas cardiacas por ecocardiograma, y refie-
ren una sensibilidad menor a la citada en la bibliografía,
llevando en muchos casos a diagnósticos tardíos, como
ocurrió en este paciente.
Al paciente se le realizó una radiografía de tórax que
mostró múltiples nódulos pulmonares bilaterales. La
tomografía de tórax confirmó la presencia de nódulos
sólidos, rodeados por un área en vidrio deslustrado lo cual
configura el” signo del halo”. Las metástasis pulmonares
se presentan en forma típica como nódulos pulmonares
sólidos. La presencia del signo del halo es una forma infre-
cuente de presentación de las metástasis pulmonares. La
explicación sería la presencia de hemorragia peritumoral
en relación al desarrollo de neovascularización y su fra-
gilidad, que llevan a la ruptura de los vasos como causa
de la hemorragia. Este hallazgo suele verse en metástasis
de angiosarcomas y de otros tumores como el coriocar-
cinoma.(3,9,12,13,15)
El PET-TC (18 FDG) una modalidad de imagen de cuerpo
entero es útil para valorar la extensión lesional y la presen-
cia de metástasis a distancia que podrían no evidenciarse
en otras técnicas. Una limitación de la técnica es que dada
la intensa captación del 18 FDG por el miocardio, tumores
de pequeño tamaño pueden pasar desapercibidos. La
presencia de los movimientos cardiacos requiere la reali-
zación de un estudio gatillado, sobre todo en tumores de
pequeño tamaño. En este caso el PET TC fue el estudio
que reveló la masa cardíaca y confirmó la presencia de
metástasis pulmonares con intensa hipercaptación del
18 FDG, sin evidencia de metástasis en otros lugares.(7)
La tomografía y la resonancia magnética permiten evaluar
el tamaño y la extensión del tumor. La resonancia tiene una
mejor resolución de contraste que la tomografía y permite
un estudio morfologico y funcional en un mismo análisis,
pero depende de un sincromismo cardíaco adecuado.
Se pueden identificar signos que sugieren malignidad
como: masa heterogénea, necrosis intratumoral, edema
peritumoral, afectación de más de una cámara cardiaca;
extensión a arterias o venas pulmonares, extensión extra-
cardíaca y derrame pericárdico hemorrágico.
El diagnóstico histológico en este caso, se realizó a través
de la punción percutánea transtorácica, de un nódulo
pulmonar, guiada por tomografía computada; en lugar de
la punción de la masa, ya que la aurícula derecha tiene
una pared delgada, lo cual tiene un potencial riesgo de
ruptura de la pared.
La primera línea de tratamiento es la resección quirúrgica
cuando no hay evidencia de metástasis y la resección del
miocardio es reparativa, hecho que es poco frecuente en
este tipo de tumores. Las terapias adyuvantes incluyen
radioterapia y quimioterapia. Dado que los cardiomiocitos
tienen poca tolerancia a la radioterapia, este tratamiento
puede causar importantes daños al corazón, siendo una
opción que sólo se opta en pacientes que se sometieron
a cirugía y en casos seleccionados.(9,12,14)
Se han utilizado terapias con doxorubicina e ifosfamida
que han mostrado efectividad en el tratamiento de las
metástasis. También existen drogas antiangiogénicas como
sorafenib y terapias con blancos moleculares como be-
vacizumab e imatinib que se en encuentran en estudios
de fase 2.(12)
En este caso dada la presencia de metástasis se eligió una
primera línea con adriamicina e ifosfamida. Dado que
presentó algunos efectos adversos (mielotoxicidad con leu-
copenia y plaquetopenia grave) se le suprimió y se cambió
a una segunda línea con paclitaxel. El tratamiento luego de
3 ciclos no evidenció efectividad sobre la lesión cardíaca
primaria ni sobre los nódulos pulmonares, falleciendo el
paciente a los 12 meses del diagnóstico.